EL “OBJETIVO MADRE” DE TODAS LAS BOMBAS

21 abril, 2017

 

Definitivamente Donald Trump trajo de vuelta a Estados Unidos a la primera escena de la geopolítica del Oriente Próximo y Medio Oriente. En ocho días lanzó distintas bombas a dos Estados: Siria y Afganistán. Pero ¿las bombas tuvieron como objetivo Siria y Afganistán? ¿O su objetivo era otro? ¿Cuál era el “objetivo madre” de todas las bombas?

El ex presidente Barack Obama  impulsó, como eje fundamental de su política exterior, el “pivot asiático”, que consistía en que Estados Unidos debía girar su atención, intereses y objetivos hacia el Asia Pacífico. Es decir, tener una mayor presencia militar y política en esta región, reduciendo su participación en países de otras regiones como Irak y Afganistán. ¿Y por qué este giro? Porque en Asia Pacífico se encontraba China, la segunda economía del mundo, el segundo país que tiene el mayor gasto militar y, por tanto, el mayor competidor para los norteamericanos.

De esa manera, Estados Unidos fue saliendo de Oriente Próximo y Medio Oriente. Lamentablemente, para los planes de Obama, en marzo 2011 comenzó el conflicto en Siria que desembocó en la crisis que todos hoy conocemos. En 2012, el ex presidente lanza su política de “línea roja” que consistía en intervenir militarmente en Siria si se comprobaba que este país estaba utilizando armas químicas contra su población. Llegó 2013 y todos nos enteramos que el gobierno sirio había utilizado armas químicas contra zonas ocupadas por los rebeldes pero donde también había población civil, causando la muerte de casi 1,500 personas, muchos de ellos niños y mujeres. Y cuando todos estábamos a la espera del ataque militar de Estados Unidos contra Siria, la Casa Blanca aceptó la intervención de Rusia, quien se ponía como mediador para que todas las armas químicas sirias sean enviadas a su país. Aquella medida fue considerada un revés para Washington y un triunfo diplomático para Moscú.

Pero ello también sirvió para que Rusia midiera a su antiguo rival y sacara como conclusión que los americanos no querían intervenir en esta región, no tenían intención de meterse en más complicaciones, ya no querían hacer uso de su capacidad disuasiva e incluso una acción militar antes de resolver un problema les generaría más dolores de cabeza. Entonces ante este alejamiento norteamericano, Rusia decidió ingresar militarmente a Oriente Próximo y -con la venia de Bashar al-Asad- ingresó a Siria. Así, el país de Vladimir Putin se convertía en el nuevo árbitro de la región de Medio Oriente y se instalaba con sus tropas.

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Ante la posición cautelosa que tomó Estados Unidos, Rusia asumió protagonismo en Oriente Medio formando una coalición con Siria e Irán.

Y mientras Rusia se convertía en el principal aliado de Bashar al-Asad, atacando conjuntamente a los rebeldes que querían sacarlo del poder, arremetiendo contra los terroristas que querían desestabilizar el gobierno, impidiendo la intervención militar de las Naciones Unidas (ONU) a través de su veto en el Consejo de Seguridad; Estados Unidos decidía no actuar, porque no quería repetir los errores cometidos con las intervenciones en Irak y Afganistán, porque aún recuerda las consecuencias que le trajo apoyar a los muyahidines (rebeldes afganos que lucharon contra la ocupación rusa en época de guerra fría) y porque Obama quería intervenir multilateralmente, no sólo, sin embargo sus aliados se mostraban reticentes.

Sin embargo, con la llegada de Donald Trump todo cambió.  Dijo que no estaba dentro de sus prioridades atacar a Siria y la atacó. Así Estados Unidos volvió para decirle al mundo que su capacidad disuasiva la utilizaría cuando la considerara necesaria. ¿Los misiles fueron contra el gobierno de Bashar al-Asad? Sí también, pero no solamente fue para ellos. El objetivo principal fue Rusia. Para decirle “aquí estoy nuevamente”, para señalarle que en el juego de Poder siempre estará presente los Estados Unidos, para anunciar que su capacidad disuasiva ha vuelto, para que se recuerde que ellos también usan la fuerza en caso sea necesario de acuerdo a sus intereses, para hacernos recordar que la geopolítica tradicional está más vigente que nunca, para anunciar su regreso a Oriente Medio.

El mundo recién estaba digiriendo este nuevo ataque norteamericano, los periodistas aún estaban armando sus notas y reportajes sobre el tema, los internacionalistas estaban analizando las implicancias del hecho, cuando nos enteramos de un segundo ataque norteamericano. Esta vez fue en suelo afgano. El gobierno de Trump había ordenado lanzar la bomba GBU-43/B (de 9,797 kg) contra un sistema de túneles y cuevas ubicadas en Nangarhar-Afganistán utilizado como escondite por el Estado Islámico. Según fuentes afganas, la bomba más conocida como “la madre de todas las bombas” por ser el arma no nuclear más poderosa de los estadounidenses, mató a unos 94 terroristas. Si la bomba costó 16 millones de dólares, entonces matar a cada uno de esos terroristas le costó a Estados Unidos unos 170,000 dólares. ¿La bomba fue contra el Estado Islámico? Sí también, porque los norteamericanos han definido que el principal enemigo que tienen es el terrorismo internacional y su principal representante es el EI. Si bien para algunos le puede parecer poco efectivo el daño causado a Daesh (utilizado como acrónimo en árabe de Estado Islámico) en Afganistán con la madre de todas las bombas, para otros la fortaleza está en el mensaje. Estados Unidos le dice a EI que lo atacará donde sea necesario y no vacilará en emplear las estrategias y armas que sean obligatorias para su destrucción. Pero el mensaje, nuevamente, va también para Rusia.  Haciéndole recordar que el gobierno estadounidense no escatimará en hacer uso de la fuerza cuando lo considere necesario y reafirmando su  presencia militar en Oriente Próximo y Medio Oriente. Además, viendo el mapa de la zona podemos notar que Afganistán está al lado de países que fueron parte de la Unión Soviética y que hoy Rusia considera su zona de influencia. Asimismo, está al costado de Irán, socio estratégico de Rusia. Estos detalles en geopolítica también son importantes porque se puede interpretar que el presidente Trump no sólo pone nuevamente a Medio Oriente como un eje principal de la política exterior norteamericana; sino que además, amplía su presencia en Asia y advierte a Rusia y China que Estados Unidos y su acción militar están de regreso.

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“La madre de todas las bombas”, la bomba no nuclear más letal del ejército norteamericano fue lanzada sobre un sistema de túneles utilizado como escondite por el Estado islámico en Afganistán.

Haber lanzado la bomba no nuclear más letal que tiene el ejército estadounidense en Afganistán, es también un mensaje a Irán su vecino, que ha estado siendo -ahora último- alentado por Rusia para el desarrollo de su programa nuclear, así como para velar –juntos- por la seguridad en Asia Central y la región del Cáucaso. Ya había advertido en febrero Trump: “están jugando con fuego”, acusando a Irán de que su programa de desarrollo de misiles balísticos era una amenaza para la región, para Estados Unidos y sus aliados. En esa misma línea, el presidente norteamericano ha ordenado la revisión del acuerdo nuclear de Estados Unidos con Irán para evitar que desarrolle arsenal nuclear, el cual (firmado en la época de Obama) siempre le ha parecido absurdo y sin sentido. Por tanto, la bomba también ha sido dirigida para Irán.


Rusia busca con Irán generar un nuevo equilibrio de poder en Oriente Próximo. Estados Unidos no ve ello con buenos ojos. La geopolítica más presente que nunca.

No hay que olvidar que el ataque con misiles a la base aérea de Shayrat en Siria lo ordenó Trump mientras invitaba una deliciosa torta de chocolate al presidente de China, Xi Jinping. ¿Casualidad? No señores, lo hizo exprofesamente sabiendo que China había vetado, a través del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas -en más de una oportunidad-, resoluciones que buscaban imponer sanciones contra Damasco e incluso cualquier intervención armada. Es decir, el objetivo de este bombardeo también tuvo como destinatario a China. Donald Trump quiere una China colaboradora, no opositora. La estrategia es influir en China con el objetivo que esta presione a Corea del Norte  para dejar de lado las provocaciones militares a Estados Unidos y sus aliados.  Trump ya ha advertido a China que puede atacar a su aliada Corea del Norte con o sin su permiso. Total, ya lo hizo con Siria a pesar del veto chino. Recordemos que el presidente norteamericano a dicho: “Corea del Norte está buscando problemas. Si China decide ayudar, eso sería muy bueno. Si no, solucionaremos el problema sin ellos”.

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Donald Trump ha mencionado por twitter que Corea del Norte está buscando problemas y espera que China ayude a apaciguar el conflicto, pero de no hacerlo Estados Unidos no tiene inconveniente de solucionar el problema sin ellos.

Entonces ¿a quienes han ido dirigidas las bombas? ¿Cuál ha sido el “objetivo madre” de todas las bombas? Las bombas han caído sobre Siria y Afganistán, lanzados contra el gobierno de Bashar al-Asad y contra el Estado Islámico, pero esa artillería ha tenido como destino final a Rusia, China e Irán. Se dice que en el sistema internacional quienes definen la configuración del poder son las potencias. Así que el mensaje ha sido de la potencia superior a las potencias regionales, solicitándoles –de manera realista y utilizando su hard power- que se alineen a los objetivos de Estados Unidos.

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OBAMA Y LA POLITICA EXTERIOR DE ESTADOS UNIDOS 2013

3 diciembre, 2012

Ahora que Barack Obama ganó nuevamente las elecciones en Estados Unidos, podremos ver a un presidente más decidido que buscará ocupar un lugar en la historia. Ya no hay posibilidad de pensar en otras reelecciones;  por tanto, deberá concentrarse en hacer lo mejor para su país. Y lo que haga Estados Unidos, siempre tendrá consecuencias en el mundo.

La coyuntura internacional que vive el mundo parece plantear unos grandes desafíos para la política exterior estadounidense; por tanto, en los siguientes cuatro años, muchas decisiones –postergadas- podrían tomarse y muchas acciones –esperadas- podrían ejecutarse, lo que movería aún más las fichas de esta partida que nos ha tocado jugar.

Por un lado, la política exterior de Estados Unidos se rige bajo principios base que siempre se mantendrán –como la economía de libre mercado, la promoción de los derechos humanos, la defensa de Israel o la difusión de los valores occidentales- y serán la base para establecer sus objetivos generales como la seguridad colectiva, la lucha contra el terrorismo, promover el multilateralismo y el liderazgo norteamericano en el mundo.

Los desafíos para Estados Unidos, en política exterior, para estos próximos años son muchos. Por un lado se vienen las potencias que resurgen como China y Rusia, las potencias emergentes que buscan mayor intervención como India y Brasil, el reforzamiento de las autocracias en muchos Estados, el desarrollo de actividades nucleares en países como Corea del Norte e Irán, los estados fallidos que muchas veces son refugio para terroristas y los estados que no profesan los valores occidentales como son muchos países musulmanes.

Cambiando el pivot de Medio Oriente hacia el Asia Pacífico

Cambiando el pivot de Medio Oriente hacia el Asia Pacífico.

Ante esta coyuntura, ¿cuál será los lineamientos en política exterior que tomará los Estados Unidos? Habría que dejar en claro que la política internacional es el único campo en que la constitución norteamericana concede al presidente poderes casi absolutos, excepto el de declarar la guerra. Muchos de estos poderes otorgados al ejecutivo tienen como base la Estrategia Nacional de Seguridad presentada en septiembre 2002 a raíz del atentado del 11-S por el presidente Bush. Y aunque en la última estrategia de seguridad de 2010 se rectifica la posición unilateral de los EE.UU. (aunque hay excepciones), aún no se han derogado acciones coercitivas como las intervenciones telefónicas so pretexto de garantizar la seguridad nacional.

Analicemos entonces la posición de Estados Unidos respecto a algunos actores internacionales.

Primavera Árabe

En primera instancia la primavera árabe debería ofrecer a la región gobiernos democráticos que se basen en el estado de derecho y en el desarrollo de la economía. En este ámbito, Estados Unidos y sus aliados deberían apoyar a estas naciones a desarrollar su propio liderazgo y empoderar su proceso democrático. Sin embargo, hay que tener en cuenta que estas naciones pueden buscar la democracia pero con sus propios valores religiosos, sociales y políticos que no necesariamente coincidan con los valores occidentales. Y habría que analizar qué tipo de democracia es la que quieren imponer. Tal es el caso de Egipto, cuyo nuevo líder, el presidente Mohamed Morsi, está buscando asumir poderes casi absolutos por encima de la justicia a través de un controvertido decreto (decretazo) unilateral con el fin de dar estabilidad a su gobierno y resolver “asuntos de soberanía nacional”.

Estados Unidos debería estar preparado para los siguientes desenlaces a los que llevaría lo que se conoce como la primavera árabe, ya que hay la probabilidad que países amigos como Arabia Saudí también sean afectados por esta ola de revoluciones; lo que cambiaría, aún más, el escenario global y movería el status quo logrado por Estados Unidos en parte del Medio Oriente.

Europa

La crisis europea ha debilitado mucho al principal socio estadounidense. Además, se ha observado las diferencias existentes, en cuanto a política económica,  entre Estados Unidos y el líder europeo Alemania. Mientras Obama busca que el Estado juegue un papel importante en la economía a través de una mayor inversión pública, Angela Merkel busca profundizar el control fiscal y la reducción del Estado de bienestar.

Barack Obama le pide a los líderes europeos que apuesten por una mayor inversión pública con el fin de generar mayor empleo.

Barack Obama le pide a los líderes europeos que apuesten por una mayor inversión pública con el fin de generar mayor empleo.

Sin embargo, más allá de esta diferencia, Estados Unidos y Europa son los socios naturales que siempre han buscado defender la democracia y los valores de occidente. Por tanto, la alianza militar trasatlántica de la OTAN debe ser reforzada buscando hacer frente a las amenazas de mediano y largo plazo que aparecen en distintas partes del mundo.

Una fuerte alianza de la OTAN brindará una mayor seguridad a los Estados Unidos en su lucha contra el terrorismo, la proliferación nuclear, el bloqueo marítimo comercial, el resurgimiento de Rusia y China, la inestabilidad en Medio Oriente, África y Asia. Asimismo, se espera que EE.UU. continúe su compromiso de defensa de Europa Central y del Este a través del Sistema de Defensa Antimisiles.

Asia Pacífico

La conducta provocadora y ofensiva de China es un desafío a mediano y  largo plazo para la región Asia Pacífico. Japón y Australia han decidido hacer cambios en sus estrategias de defensa ante los crecientes gastos en defensa militar china. India, quien ha tenido disputas fronterizas con China, también ha empezado a modernizarse militarmente al igual que Vietnam, quien debido a sus diferencias marítimas con China, ha preferido acercarse a Occidente.

En este contexto, Estados Unidos está cambiando su estrategia militar reforzando su presencia en Asia Pacífico antes que en Medio Oriente, la cual quedará reforzada con la presencia de aliados norteamericanos. El objetivo de este cambio es lograr un balance de poder adecuado en esta región del pacífico con el fin de no perder su influencia política y económica, así como prevenir cualquier conflicto potencial que pueda ocasionar costos mayores.

La primera gira internacional de Barack Obama, después de su reelección es a 3 países del Sudeste Asiático (Camboya, Birmania y Tailandia), lo que marca su nueva relación con esta región.

La primera gira internacional de Barack Obama, después de su reelección es a 3 países del Sudeste Asiático (Camboya, Birmania y Tailandia), lo que marca su nueva relación con esta región.

El reequilibrio que ha hecho el gobierno de Obama hacia el Asia Pacífico, también busca tranquilizar a los aliados asiáticos de Norteamérica, mantener su posición dominante de seguridad en la región y disuadir a China.

EE.UU. ya empezó enviando más de 2500 marines a Australia como parte de la ampliación de su alianza militar. Asimismo, ha acordado con Japón la instalación de un segundo sistema de defensa antimisiles y ha alcanzado un acuerdo para aumentar el tránsito militar por los mares de su socio Filipinas.

Rusia

El desafío para el gobierno estadounidense pasa por restablecer las relaciones con Rusia sin pasar por alto el retroceso democrático que se viene dando en este país a través de las continuas violaciones de los derechos humanos, así como del Estado de derecho.

Más allá de que muchos consideren a Rusia como el “enemigo geopolítico número uno”, Estados Unidos debe trabajar con Rusia en temas en los que ambos compartan intereses como la no proliferación nuclear y el control armamentístico. Asimismo, se va a tener que continuar buscando alternativas multilaterales ante la obstaculización rusa para llegar a consensos internacionales en temas como Siria o Irán.

Muchos le exigen a Estados Unidos una posición más fuerte ante el retroceso democrático en  Rusia, así como mantener su apoyo a los Estados democráticos que limitan con esta nación.

El escudo de defensa antimisiles de la OTAN  en Europa, es uno de los principales puntos de tensión entre Rusia y los Estados Unidos, debido a que el gobierno ruso ve a este sistema de defensa como una amenaza a su seguridad.

El escudo de defensa anti misiles de la OTAN en Europa, es uno de los principales puntos de tensión entre Rusia y los Estados Unidos, debido a que el gobierno ruso ve a este sistema de defensa como una amenaza a su seguridad.

China

China es la segunda economía del mundo, primera en términos de exportaciones y segunda en importaciones, así como el segundo mercado en bienes de lujo; sin embargo, para Estados Unidos estos logros no son sinónimos de prácticas comerciales transparentes. Asimismo, su desarrollo económico no ha ido de la mano con su desarrollo social, el respeto por los derechos humanos y las reformas políticas que debiera adoptar el partido comunista chino.

Por otro lado, China ha ido desarrollando una política exterior más fuerte y sus gastos en modernización militar han aumentado considerablemente, lo que está preocupando a toda la región de Asia Pacífico y a Estados Unidos.

Por tanto, los desafíos que tiene Estados Unidos para con China son tan significativos como delicados. La administración de Obama ha centrado su estrategia en el llamado Pivote a Asia Pacífico. Esta maniobra busca replantear los recursos militares y estratégicos estadounidenses hacia el continente asiático. El objetivo es contener a China ante su aparente cambio de política de ascenso pacífico y tranquilizar a sus aliados asiáticos, buscando mantener su posición de dominio en la seguridad de la región. EE.UU. deberá afianzar su relación económica, política y militar con aliados regionales como Japón, India, Taiwán, Corea del Sur y Australia; así como afianzar su relación con otros actores regionales como Vietnam, Filipinas y Birmania.

Tensión en Mar meridional de China. Reclamos de soberanía china sobre mar meridional lo enfrentan con Vietnam, Taiwán, Filipinas y Malasia.

Tensión en Mar Meridional de China. Reclamos de soberanía china sobre mar meridional lo enfrentan con Vietnam, Taiwan, Filipinas y Malasia.

La política exterior china ha causado mucha preocupación en la región por las últimas disputas territoriales en el Mar Meridional de China y en el Pacífico Occidental; así como, inquietud en el mundo por bloquear –en el Consejo de Seguridad de la ONU- condenas hacia Siria e Irán. Del mismo modo, no ven que contribuya ejerciendo una presión efectiva hacia la conducta beligerante de su socio Corea del Norte.

Estados Unidos deberá buscar que las empresas norteamericanas reciban, por parte de China, un trato justo y se respete sus derechos de propiedad intelectual; así como, pedir al gobierno chino que deje de manipular su moneda en perjuicio de los intereses estadounidenses.

Sin embargo, más allá de las diferencias entre las dos economías más grandes del mundo, la relación que establezca Estados Unidos con China será vital para los desafíos de este nuevo siglo.

Estados Unidos y su nueva estrategia

Lo que ha quedado claro en la Estrategia Nacional de Seguridad 2010 de los EE.UU. es que se ha dejado de lado posiciones tan controversiales de la política norteamericana como fue la guerra preventiva y sus actuaciones unilaterales. Estados Unidos ha aceptado sus limitaciones económicas y políticas, y entiende que la única forma de mantener su liderazgo es a través del fomento del multilateralismo. Por tanto, sabe que es indispensable la búsqueda de alianzas y coaliciones para afrontar los nuevos desafíos globales, la coordinación con los nuevos países emergentes, la reorientación de su política de seguridad, la apertura comercial para la expansión de sus exportaciones e inversiones, el mantenimiento de la democracia entre sus socios y entender que los valores “occidentales”, como los entendemos, son aceptados y necesarios para Occidente (al menos para la mayoría), pero no necesariamente para el resto del mundo que tiene sus propias particularidades históricas y culturales.