EL “OBJETIVO MADRE” DE TODAS LAS BOMBAS

 

Definitivamente Donald Trump trajo de vuelta a Estados Unidos a la primera escena de la geopolítica del Oriente Próximo y Medio Oriente. En ocho días lanzó distintas bombas a dos Estados: Siria y Afganistán. Pero ¿las bombas tuvieron como objetivo Siria y Afganistán? ¿O su objetivo era otro? ¿Cuál era el “objetivo madre” de todas las bombas?

El ex presidente Barack Obama  impulsó, como eje fundamental de su política exterior, el “pivot asiático”, que consistía en que Estados Unidos debía girar su atención, intereses y objetivos hacia el Asia Pacífico. Es decir, tener una mayor presencia militar y política en esta región, reduciendo su participación en países de otras regiones como Irak y Afganistán. ¿Y por qué este giro? Porque en Asia Pacífico se encontraba China, la segunda economía del mundo, el segundo país que tiene el mayor gasto militar y, por tanto, el mayor competidor para los norteamericanos.

De esa manera, Estados Unidos fue saliendo de Oriente Próximo y Medio Oriente. Lamentablemente, para los planes de Obama, en marzo 2011 comenzó el conflicto en Siria que desembocó en la crisis que todos hoy conocemos. En 2012, el ex presidente lanza su política de “línea roja” que consistía en intervenir militarmente en Siria si se comprobaba que este país estaba utilizando armas químicas contra su población. Llegó 2013 y todos nos enteramos que el gobierno sirio había utilizado armas químicas contra zonas ocupadas por los rebeldes pero donde también había población civil, causando la muerte de casi 1,500 personas, muchos de ellos niños y mujeres. Y cuando todos estábamos a la espera del ataque militar de Estados Unidos contra Siria, la Casa Blanca aceptó la intervención de Rusia, quien se ponía como mediador para que todas las armas químicas sirias sean enviadas a su país. Aquella medida fue considerada un revés para Washington y un triunfo diplomático para Moscú.

Pero ello también sirvió para que Rusia midiera a su antiguo rival y sacara como conclusión que los americanos no querían intervenir en esta región, no tenían intención de meterse en más complicaciones, ya no querían hacer uso de su capacidad disuasiva e incluso una acción militar antes de resolver un problema les generaría más dolores de cabeza. Entonces ante este alejamiento norteamericano, Rusia decidió ingresar militarmente a Oriente Próximo y -con la venia de Bashar al-Asad- ingresó a Siria. Así, el país de Vladimir Putin se convertía en el nuevo árbitro de la región de Medio Oriente y se instalaba con sus tropas.

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Ante la posición cautelosa que tomó Estados Unidos, Rusia asumió protagonismo en Oriente Medio formando una coalición con Siria e Irán.

Y mientras Rusia se convertía en el principal aliado de Bashar al-Asad, atacando conjuntamente a los rebeldes que querían sacarlo del poder, arremetiendo contra los terroristas que querían desestabilizar el gobierno, impidiendo la intervención militar de las Naciones Unidas (ONU) a través de su veto en el Consejo de Seguridad; Estados Unidos decidía no actuar, porque no quería repetir los errores cometidos con las intervenciones en Irak y Afganistán, porque aún recuerda las consecuencias que le trajo apoyar a los muyahidines (rebeldes afganos que lucharon contra la ocupación rusa en época de guerra fría) y porque Obama quería intervenir multilateralmente, no sólo, sin embargo sus aliados se mostraban reticentes.

Sin embargo, con la llegada de Donald Trump todo cambió.  Dijo que no estaba dentro de sus prioridades atacar a Siria y la atacó. Así Estados Unidos volvió para decirle al mundo que su capacidad disuasiva la utilizaría cuando la considerara necesaria. ¿Los misiles fueron contra el gobierno de Bashar al-Asad? Sí también, pero no solamente fue para ellos. El objetivo principal fue Rusia. Para decirle “aquí estoy nuevamente”, para señalarle que en el juego de Poder siempre estará presente los Estados Unidos, para anunciar que su capacidad disuasiva ha vuelto, para que se recuerde que ellos también usan la fuerza en caso sea necesario de acuerdo a sus intereses, para hacernos recordar que la geopolítica tradicional está más vigente que nunca, para anunciar su regreso a Oriente Medio.

El mundo recién estaba digiriendo este nuevo ataque norteamericano, los periodistas aún estaban armando sus notas y reportajes sobre el tema, los internacionalistas estaban analizando las implicancias del hecho, cuando nos enteramos de un segundo ataque norteamericano. Esta vez fue en suelo afgano. El gobierno de Trump había ordenado lanzar la bomba GBU-43/B (de 9,797 kg) contra un sistema de túneles y cuevas ubicadas en Nangarhar-Afganistán utilizado como escondite por el Estado Islámico. Según fuentes afganas, la bomba más conocida como “la madre de todas las bombas” por ser el arma no nuclear más poderosa de los estadounidenses, mató a unos 94 terroristas. Si la bomba costó 16 millones de dólares, entonces matar a cada uno de esos terroristas le costó a Estados Unidos unos 170,000 dólares. ¿La bomba fue contra el Estado Islámico? Sí también, porque los norteamericanos han definido que el principal enemigo que tienen es el terrorismo internacional y su principal representante es el EI. Si bien para algunos le puede parecer poco efectivo el daño causado a Daesh (utilizado como acrónimo en árabe de Estado Islámico) en Afganistán con la madre de todas las bombas, para otros la fortaleza está en el mensaje. Estados Unidos le dice a EI que lo atacará donde sea necesario y no vacilará en emplear las estrategias y armas que sean obligatorias para su destrucción. Pero el mensaje, nuevamente, va también para Rusia.  Haciéndole recordar que el gobierno estadounidense no escatimará en hacer uso de la fuerza cuando lo considere necesario y reafirmando su  presencia militar en Oriente Próximo y Medio Oriente. Además, viendo el mapa de la zona podemos notar que Afganistán está al lado de países que fueron parte de la Unión Soviética y que hoy Rusia considera su zona de influencia. Asimismo, está al costado de Irán, socio estratégico de Rusia. Estos detalles en geopolítica también son importantes porque se puede interpretar que el presidente Trump no sólo pone nuevamente a Medio Oriente como un eje principal de la política exterior norteamericana; sino que además, amplía su presencia en Asia y advierte a Rusia y China que Estados Unidos y su acción militar están de regreso.

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“La madre de todas las bombas”, la bomba no nuclear más letal del ejército norteamericano fue lanzada sobre un sistema de túneles utilizado como escondite por el Estado islámico en Afganistán.

Haber lanzado la bomba no nuclear más letal que tiene el ejército estadounidense en Afganistán, es también un mensaje a Irán su vecino, que ha estado siendo -ahora último- alentado por Rusia para el desarrollo de su programa nuclear, así como para velar –juntos- por la seguridad en Asia Central y la región del Cáucaso. Ya había advertido en febrero Trump: “están jugando con fuego”, acusando a Irán de que su programa de desarrollo de misiles balísticos era una amenaza para la región, para Estados Unidos y sus aliados. En esa misma línea, el presidente norteamericano ha ordenado la revisión del acuerdo nuclear de Estados Unidos con Irán para evitar que desarrolle arsenal nuclear, el cual (firmado en la época de Obama) siempre le ha parecido absurdo y sin sentido. Por tanto, la bomba también ha sido dirigida para Irán.


Rusia busca con Irán generar un nuevo equilibrio de poder en Oriente Próximo. Estados Unidos no ve ello con buenos ojos. La geopolítica más presente que nunca.

No hay que olvidar que el ataque con misiles a la base aérea de Shayrat en Siria lo ordenó Trump mientras invitaba una deliciosa torta de chocolate al presidente de China, Xi Jinping. ¿Casualidad? No señores, lo hizo exprofesamente sabiendo que China había vetado, a través del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas -en más de una oportunidad-, resoluciones que buscaban imponer sanciones contra Damasco e incluso cualquier intervención armada. Es decir, el objetivo de este bombardeo también tuvo como destinatario a China. Donald Trump quiere una China colaboradora, no opositora. La estrategia es influir en China con el objetivo que esta presione a Corea del Norte  para dejar de lado las provocaciones militares a Estados Unidos y sus aliados.  Trump ya ha advertido a China que puede atacar a su aliada Corea del Norte con o sin su permiso. Total, ya lo hizo con Siria a pesar del veto chino. Recordemos que el presidente norteamericano a dicho: “Corea del Norte está buscando problemas. Si China decide ayudar, eso sería muy bueno. Si no, solucionaremos el problema sin ellos”.

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Donald Trump ha mencionado por twitter que Corea del Norte está buscando problemas y espera que China ayude a apaciguar el conflicto, pero de no hacerlo Estados Unidos no tiene inconveniente de solucionar el problema sin ellos.

Entonces ¿a quienes han ido dirigidas las bombas? ¿Cuál ha sido el “objetivo madre” de todas las bombas? Las bombas han caído sobre Siria y Afganistán, lanzados contra el gobierno de Bashar al-Asad y contra el Estado Islámico, pero esa artillería ha tenido como destino final a Rusia, China e Irán. Se dice que en el sistema internacional quienes definen la configuración del poder son las potencias. Así que el mensaje ha sido de la potencia superior a las potencias regionales, solicitándoles –de manera realista y utilizando su hard power- que se alineen a los objetivos de Estados Unidos.

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