LA LEYENDA DEL PAIS QUE HUMILLÓ A HITLER

Muchas veces la Historia encierra hechos singulares que por falta de esclarecimiento o difusión van quedando en el olvido. Esta es una de ellas.

 Eran las cinco y media de la tarde, del sábado 08 de agosto de 1936, cuando once jugadores peruanos saltaron a la cancha del estadio Hertha Platz. El motivo, los Juegos Olímpicos de Berlín 1936. El rival, Austria, país de origen del Führer. El lugar, la Alemania de Hitler.

 Berlín, fue sede de los Juegos Olímpicos de 1936, que fueron inaugurados y dirigidos por Adolf Hitler como una forma de demostrar la superioridad alemana sobre todas las demás razas, delegando a su ministro de difusión, Joseph Goebbels, la campaña de propaganda nazi que se montó. Asimismo, fue una excelente oportunidad para demostrarle al mundo los “logros” de su régimen.

 Empieza el partido y rápidamente Austria toma posesión del juego y mete dos goles. Pero faltando quince minutos para que acabe el encuentro, Perú empata 2 a 2. En tiempos suplementarios, faltando tres minutos para el final, los peruanos anotan dos goles más y ganan el partido 4 a 2, pasando a las semifinales de los Juegos Olímpicos.

 La Alemania hitleriana ya se había encargado de que muchos atletas alemanes de origen judío no participaran en la competencia, basándose en las leyes de Nuremberg -promulgadas en 1935- que privaban a los judíos de la condición de ciudadanos. El motivo: la superioridad de la raza aria.

 La delegación peruana de fútbol no terminaba de festejar su pase a la semifinal de los Juegos Olímpicos  cuando se enteraron que Austria presentó una protesta oficial y la FIFA decidió anular el resultado y ordenó jugar el partido otra vez y a puertas cerradas. La selección peruana no sólo se negó a jugar el partido, sino que toda la delegación olímpica decidió retirarse de los Juegos en señal de protesta.

 Qué había pasado? Por qué anularon el partido que Perú había ganado?Según la versión peruana, el árbitro Khristiansen siempre favoreció a los austriacos, anuló tres goles a los peruanos quienes, aún así, ganaron el partido 4 a 2. Fue entonces que Hitler montó en cólera, la raza aira no podía ser eliminada por una raza inferior, y presionó a las autoridades olímpicas para que el partido se juegue nuevamente. Es por eso, que se ordenó que se jugara otra vez el partido Perú-Austria aduciendo que el campo en donde se desarrolló el encuentro “no tenía las medidas reglamentarias”.

Anterior a este partido, ya había pasado otro incidente muy desagradable. Estados Unidos empataba a cero goles con Italia, en partido de la primera ronda, cuando dos jugadores americanos resultaron lesionados en una gresca, lo que motivó que el árbitro expulse al jugador italiano Achille Piccini del campo. El jugador rehusó salir del campo y varios de sus compañeros rodearon al árbitro y le cubrieron la boca con las manos. Por algún motivo desconocido, Piccini siguió jugando. Dos meses después, Italia y Alemania firmaban una declaración de amistad dando inicio al Eje Roma-Berlín.

 Según la versión oficial, publicada por el alemán Carl Diem, secretario general del Comité Olímpico Alemán, afirmaba que se produjeron hechos que impidieron el desarrollo normal del partido y que fue imposible impedir que los hinchas peruanos entren al terreno de juego y dieran un golpe a uno de los jugadores austriacos.

 Durante los Juegos Olímpicos se diezmó la propaganda antisemita y se enfatizó el orden en la organización de los eventos.  Era de vital importancia demostrar la disciplina y obediencia que los alemanes tenían por su líder.

 Incluso, el periodista Luis Carlos Arias Schreiber, quien ha investigado el caso incluido en su libro “Ese gol existe”, revela que en la “Memoria del Comité Nacional de Deportes y Comité Olímpico Peruano (año 1936)”, el presidente de esa institución, Eduardo Dibós Dammert, dio a conocer otra versión: según el diario londinense Daily Sketch, fueron mil peruanos los que armados de fierros, cuchillos y revólveres invadieron el campo de juego en pleno partido, agredieron a tres jugadores austriacos y dejaron a los europeos con ocho jugadores.

 La nadadora argentina Jeannette Campbell, ganadora de una medalla de plata en los juegos olímpicos, junto a la nadadora australiana Pat Norton, vivieron una anécdota que reflejó el grado de organización y vigilancia que imperaba en el torneo. Según relata “Nadie podía entrar al estadio principal antes del día de las pruebas. Sólo los turistas con sus guías. -recuerda-. Un día, con Pat Norton intentamos mezclarnos con ellos y entrar coladas. Enseguida aparecieron de algún lado las tropas de asalto que gritaban: “¡Verboten! ¡Verboten!” (“Prohibido”) y nos señalaban. Aun cuando nos dimos a conocer, nos identificaron y nos permitieron retirarnos del lugar, todavía siguieron con el “¡Verboten!”

 Hay una otra versión del periodista estadounidense David Wallechinsky, quien en su recuento de la historia de los juegos olímpicos (The complete book of the Summer Olimpics Games) asegura que durante el tiempo suplementario algunos aficionados peruanos invadieron el campo de juego y un hincha peruano golpeó a un jugador austriaco. “”Los peruanos, entonces, tomaron ventaja del caos (en esa época no se hacían cambios así un futbolista se lesionara) y anotaron los goles del triunfo”

¿Pero qué pasó ese día? ¿Quién tiene la razón? Según las versiones oficiales hay evidencias que sostienen que hinchas peruanos saltaron al campo de juego y agredieron a los jugadores austriacos. La pregunta es, se puede creer fehacientemente en versiones oficiales de un gobierno autoritario como el de la Alemania de Hitler?  Un gobierno manipulador deja constancia de los actos y presiones que comete? No era las Olimpiadas de Berlín 1936 el escenario perfecto para mostrar al mundo la superioridad de la raza aria sobre las demás razas? No tenía Alemania, en ese entonces, un Ministerio de la Propaganda que entre sus principales áreas contaba con un “Departamento del Extranjero”, que tenía a su cargo la coordinación de toda la actividad periodística exterior y que participaba directamente de las emisiones de radio y de las publicaciones destinadas al extranjero?…

 Se dice incluso que mil hinchas peruanos armados con fierros, cuchillos y revólveres, saltaron al campo para agredir a los europeos. Mil peruanos presentes en un partido jugado en Europa en 1936? Podían llegar en esa época mil compatriotas hasta Alemania, a pesar de la distancia, el costo que implicaba, la dificultad del transporte y el contexto de discriminación que se vivía en ese país? … Y encima no cualquier peruano, sino unos armados de cuchillos y revólveres. Esa clase de peruchos tenía dinero para viajar? Y aún así, no estamos hablando de la Alemania nazi? Acaso no era un estado militarizado? No estaban las temidas SS a cargo de la seguridad de los juegos? Un Estado cuya meta política era demostrar el orden y disciplina de su sociedad, permitiría que un hecho como este sucediese? Y los peruanos que perpetuaron este acto, quedaron impunes, hubo algún detenido? Colombia, en señal de solidaridad, se retiro junto a la delegación peruana. Se hubiese retirado por un acto de violencia de parte de nuestros hinchas?

 Son muchas las interrogantes por contestar. Sólo quienes estuvieron ahí saben lo que realmente pasó y si esos incidentes ameritaban la anulación de un partido cargado quizá de connotación política y racial. Definitivamente, las versiones y conclusiones cambiarán de acuerdo a la procedencia de las fuentes de información. Mientras tanto, esta historia no termina y cada información seguirá alimentando la leyenda del país que una vez humilló a Hitler.

 Nota: En memoria de mi abuelita, quien fue la primera persona que me habló de esta versión.

3 respuestas a LA LEYENDA DEL PAIS QUE HUMILLÓ A HITLER

  1. renato dice:

    Como tu mismo dijiste, solo los que estuvieron ahi lo saben …. espero servir de algo pasando este link de la ultima entrevista que le hacen a Lolo Fernandez en la que cuenta la historia de aquella ilimpiada de 1936 … es una joya espero disipar tus dudas y para otra ocasion si la vuelves a ver creele todo lo que diga tu abuelita que ellas siempre tienen la razon.

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